No otro turno cualquiera

Trabajo en un hospital en Inglaterra donde atendemos una media de 20 partos diarios.Ayer después de mi turno en el hospital terminé agotada física y mentalmente.
El ambiente que se respira desde hace ya días es muy tenso y no mejora. Por una parte hay tensión entre las mujeres y sus parejas. Las embarazadas que vienen a parir están muy preocupadas por todo lo que está ocurriendo, con la adrenalina por las nubes y su efecto negativo al parto, al menos esta es mi experiencia hasta ahora. 

Me ocupé de las cesáreas electivas; fui la matrona que recibe a la mujer a primera hora de la mañana, le enseño la unidad, le cuento como será el procedimiento, tomo las constantes, ausculto al bebé, completo con ella documentación, hablamos de cuál es su plan de parto, le doy “el pijama” a la pareja para que se cambien de ropa, le animo a llevar su propia cámara de fotos, etc… intento que se encuentren agusto y empiezo a crear un vínculo de confianza en nuestra relación matrona-mujer.

Además le digo que estaré en quirófano con ella todo el tiempo y que si quiere le pondré al bebé piel con piel e intentaremos iniciar la lactancia en quirófano si es posible.

Normalmente mientras hablamos y le explico se escucha algún bebé en la sala llorando, “si todo va bien, dentro de unas horas estarás con tu pequeño en brazos” le digo. Esta frase que siempre ha infundido en las madres esperanza y ánimo ayer solo provocó llantos y sollozos.

Una de las parejas que atendí, durante nuestro encuentro a primera hora me preguntaba continuamente lo mismo una y otra vez, como si esperasen una respuesta diferente o no escuchasen lo que les decía,  la pregunta era; “¿estás segura de que no hay ninguna persona con el coronavirus cerca?”. En este trabajo tienes que armarte de paciencia y de empatía.

Por otro lado entre mis compañeras y compañeros hay una incertidumbre terrible, una desorganización tremenda y mucho miedo.
Todos lo hacemos lo mejor que podemos.

Pienso en mis queridas compañeras matronas españolas con las que trabajo; Carmen, Helena, Bea…Nos ayudamos en todo lo que podemos, yo soy la mas mayor y la que lleva mas años aquí y aunque no nos conozcamos desde hace mucho, de alguna manera las siento como mis hermanas pequeñas. Nos sonreímos por los pasillos, nos tiramos piropos en castellano;

“Tu familia en España está bien de salud. Si alguno se enferma entonces ya verás que hacer y que decisiones tomar. No te agobies. Venga, tranquila, respira profundo” le digo mientras le miro tiernamente a los ojos y le estrecho la mano.

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