Estudiante de matrona en prácticas

Me cuesta sentarme a escribir sobre esto, pero sé bien que ocurre cada día a muchas estudiantes de matronas durante las prácticas. 

El día que recibí la noticia de que había sido aceptada en la universidad para estudiar matrona fue uno de los días más felices de mi vida. Así fue.

Había dejado atrás mi país, familia y amistades queridas para realizar mis estudios a miles de kilómetros y en otro idioma. No estaba sola, estaba con mis dos hijas de 5 y de 9 años. Las tres en nuestra vida cotidiana de universidad, colegio, comidas, compras, lavadoras y así un día tras otro. De repente el diagnóstico sin ningún síntoma aparente. Caigo gravemente enferma durante mis estudios, mi familia viene a cuidarnos. Tuve que descansar parar y dejar para meses más tarde la parte práctica en el hospital.

Todo empezó el día que vuelvo al hospital para empezar mis prácticas en el paritorio. Me encuentro en una habitación con la que sería mi mentora principal de prácticas en la unidad obstétrica. Ahí empezó la pesadilla.

No me da la bienvenida que yo esperaba recibir (tonta de mí), me ignora y habla con otras personas evitándome. Finalmente me acerco a ella y le digo: “Hola, soy Helena y seré tu estudiante en prácticas. Estoy muy contenta de estar aquí” 

Nada. 

Ni una mirada a los ojos, ni una sonrisa. Cero interés. Por fin me dice: “Ah imagino que tu eres una de esas que YA sois enfermeras, pues que sepas que las ENFERMERAS NO ME GUSTAN NADA y bla, bla, bla”

Ya no escucho lo que dice. De repente me doy cuenta de que va a ser difícil.

Estoy preparada, la experiencia del cáncer pone todo en perspectiva y relativiza cada situación. Pienso “venga Helena, lo que quieres es tu título, pasa estos meses lo mejor que puedas y olvídala”. Pero no pude aunque lo intenté.

Cada día era un horror llegar al hospital, esperaba que ella no fuese a trabajar y tener a otra matrona enseñándome.

Cuando estábamos juntas criticaba todo lo que hacía, revisaba paso a paso mis acciones, no confiaba en mí y esto me ponía aún más nerviosa. 

Recuerdo cuando le dije que por el momento, no podía hacer turnos de noche debido a mi situación de salud y se enfado muchísimo. Doce horas con una persona así al lado era un verdadero infierno.

Cada 4 horas yo tenía que ir al baño para vaciar la bolsa de orina que colgué de mi pierna durante 3 meses, “¿otra vez has ido al baño?, me decía malhumorada delante de las mujeres.

“Tu no vales para esto”, “te implicas demasiado con las madres” “a veces no se entiende lo que dices, tu inglés no es suficientemente bueno” “mi anterior estudiante si era un ejemplo perfecto” y así un día y otro día…

Una noche al salir del hospital me dio un ataque de ansiedad. Estaba sentada en el coche con mi chico que vino a recogerme y yo no podía parar de llorar. Llegué a casa, me di un baño y cuando estuve más tranquila y pude pensar con claridad hice lo siguiente:

  • Fui a la universidad y hablé con la responsable del programa sobre lo que me estaba sucediendo.
  • Puse una queja por escrito describiendo todo con detalle cada encuentro con ella, la entregué en el  hospital y en mi universidad.
  • Fui a la asociación de estudiantes y me reuní con la persona que ayudaban a los y las estudiantes durante las prácticas. Fue mi ANGEL DE LA GUARDA. Me explicó que sabían de otros casos de mentores durante prácticas que hacían BULLYING a sus estudiantes. Que esto era inaceptable, que no se podía tolerar y que me ayudaría a aclarar toda la situación.

Se realizó una reunión oficial con mi mentora, la representante de la universidad de matronería, la representante de la asociación de estudiantes y yo.

Había preparado todo bien, era una especie de juicio y no lo iba a perder. Yo llevaba conmigo un diario en el escribía todos los días. Tenía anotado cada evento y cada situación. Recopilé  tarjetas y felicitaciones de las familias a las que había atendido. Tenía las copias de los feedbacks y escritos de otras matronas docentes con las que había trabajado valorando mi actitud y profesionalidad hacia las familias.

Fue una reunión muy tensa.

Pero me harté de valor y al final de la reunión le dije delante de todo el mundo:

“Para mi no has sido, ni eres una buena docente.

Te falta empatía, profesionalidad a la hora de corregirme.

Este es un país lleno de diversidad cultural y tú no has mostrado aceptar la diversidad en ningún momento. 

No eres un ejemplo a seguir como matrona

No me has tratado bien y en muchos casos tampoco tratas bien a las mujeres. 

Voy a hacer lo posible para que no le pase lo mismo a otras estudiantes”Finalmente se abrió una investigación sobre el tema. Todo el mundo en el hospital y en la universidad se enteró. La gente lo hablaba en el vestuario y se escuchaban comentarios. 

Me asignaron otra mentora para ese periodo, la experiencia fue completamente diferente. Terminé mis estudios satisfactoriamente.
Ella no pudo enseñar durante el periodo de la investigación que duró meses, otras 2 compañeras se animaron a contar su experiencias negativas con ella como docente y a denunciar también lo que les pasó.

Sé que ha intentado ascender de posición y ha tenido que dar explicaciones sobre este “pequeño incidente” que está en su historia profesional para siempre.

Tuvo que realizar de nuevo toda la formación para ser mentora.El otro día me la encontré por los pasillos del hospital y me dio un dolor de tripa.

La vida de los estudiantes a veces puede ser difícil, déjate ayudar en tu camino. 

Con cariño, 

Helena Eyimi

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